
Alfonsina y el Mar
Sal que duele en los ojos,
ímpetu de mi llanto
que la mano de tu voz
vuelca sobre la arena,
oleaje angustiado
que devuelve su cuerpo
a la orilla deshecha
en espuma quemante
de mi rostro.
Vuelve,
sube del fondo marino,
reúne su tormento
de pez y caracola,
algas y gaviotas,
compone el barco desguazado
de su sufrimiento…
y lo iza por el aire,
cruza nudos y millas,
torbellino
que llega con tu cantar
al puerto
de par en par desconsolado
de mi pecho.
Allí la acuno y la recibo,
víctima aún doliente
de la aterradora tempestad
de la vida.
Beso su cabellera para siempre,
para siempre en mi boca,
su frágil cintura quebrada
por la lanza
del Amor insatisfecho,
el Infinito clamando
represado
en su diminuto corazón inmenso.
Y me alimento de la carne
por tu música…
de
la vencida Enamorada eterna
en el fondo del olvido…
pero con tu canción
devuelta
para siempre…
al presente interminablemente
vivo
de mis lágrimas.
(A mi hermano,
que con su versión
de “Alfonsina y el Mar”
hizo posible
el milagro…
del Recuerdo)