domingo, 30 de diciembre de 2007



Alfonsina y el Mar



Sal que duele en los ojos,

ímpetu de mi llanto

que la mano de tu voz

vuelca sobre la arena,

oleaje angustiado

que devuelve su cuerpo

a la orilla deshecha

en espuma quemante

de mi rostro.


Vuelve,

sube del fondo marino,

reúne su tormento

de pez y caracola,

algas y gaviotas,

compone el barco desguazado

de su sufrimiento…

y lo iza por el aire,

cruza nudos y millas,

torbellino

que llega con tu cantar

al puerto

de par en par desconsolado

de mi pecho.


Allí la acuno y la recibo,

víctima aún doliente

de la aterradora tempestad

de la vida.

Beso su cabellera para siempre,

para siempre en mi boca,

su frágil cintura quebrada

por la lanza

del Amor insatisfecho,

la Ternura inexpresada,

el Infinito clamando

represado

en su diminuto corazón inmenso.


Y me alimento de la carne

por tu música…

de la Amante sin cuerpo,

la vencida Enamorada eterna

en el fondo del olvido…

pero con tu canción

devuelta

para siempre…

al presente interminablemente

vivo


de mis lágrimas.




(A mi hermano,

que con su versión

de “Alfonsina y el Mar”

hizo posible

el milagro…

del Recuerdo)